N.º 36

ENERO 2006

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Acoso en las aulas

  

  

E

l bullying (o acoso escolar) ya forma parte de nuestro universo cotidiano. Uno de los últimos estudios llevados a cabo en ese sentido ha puesto de manifiesto que muchos de nuestros escolares de la ESO sufren violencia en el medio educativo, y una parte de ellos, además, acoso escolar. Un déficit en la educación familiar, la cada vez más escasa autoridad de los padres y la falta de recursos y estrategias por parte del profesorado son causas que explican este fenómeno creciente, que para algunos tan sólo es un despertar de algo que ha permanecido oculto durante años.

  

TOMA DE CONCIENCIA DEL PROBLEMA

La crueldad en los niños es algo socialmente asumido. Las mofas y burlas en el colegio siempre han existido. Pero la cuestión que se plantea hoy es averiguar si esas cosas de chiquillos traspasan el límite de lo tolerable y deben ser atajadas de raíz. El caso de Jokin, el adolescente de Hondarribia que acabó suicidándose después de sufrir vejaciones y palizas por parte de varios de sus compañeros, ha sacado a la luz el fenómeno del acoso escolar, encendiendo las luces de alarma sobre los graves problemas de convivencia que se producen en algunos centros educativos.

  
     

A juicio de muchos docentes, gran parte de la culpa de los conflictos que se producen en los centros escolares la tienen los padres.

  

Mientras la escuela parece superada por la situación, la sociedad ya ha empezado a reaccionar para poner freno a los comportamientos agresivos e intimidatorios. Los informes de instituciones especializadas se suceden y la prensa denuncia cada vez más casos de estas características; al mismo tiempo, profesionales y expertos coinciden en la necesidad de actuar para mejorar el clima en las aulas; incluso la Fiscalía General del Estado ha declarado «tolerancia cero» hacia la violencia escolar, dictando una serie de instrucciones a los fiscales de Menores sobre cómo actuar en estas circunstancias.

  

Cuatro de cada diez

Un informe del Defensor del Pueblo del año 2000 ya advertía sobre la violencia en el medio escolar: cuatro de cada diez alumnos de la ESO han sufrido alguna agresión física de sus compañeros, a más del 30 por ciento les insultan a veces, al 8,5 por ciento les amenazan y al 4,1 por ciento les agreden. Realizado por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, unos de los últimos estudios referido al acoso escolar lleva por título Violencia entre compañeros en la escuela. Su conclusión fundamental es que quince de cada cien alumnos de la ESO sufren violencia en el medio educativo, y tres de ellos, además, acoso escolar, de los que en su gran mayoría, el 65 por ciento, son chicas.

«Las causas de esta situación hay que buscarlas en la educación familiar, en los discursos de aceptación de la violencia que promueve nuestra sociedad, en la poca cantidad de estrategias con que cuentan los profesores o en su falta de compromiso, y en buscar permanentemente soluciones parciales». Lo dice la pedagoga y escritora Nora Rodríguez, autora de títulos como Guerra en las aulas o ¿Quién manda aquí? y creadora del «Proyecto Atenea», un programa para frenar la violencia escolar. Esta investigadora de conflictos sociales muestra cierta prevención ante la multitud de estudios y encuestas que se publican en torno a este fenómeno. «Se está midiendo erróneamente por la cantidad de víctimas, y esto implica un desconocimiento del tema.» En su opinión, en el acoso hay tres actores que se intercambian muy a menudo los papeles. «La víctima puede actuar de tres formas básicamente; primero, soportando hasta aislarse; segundo, reaccionando impulsivamente en un momento dado contra otros, pasando al lugar del acosador; y tercero, llevar a cabo una autoagresión como dejar de comer, comer en exceso, o bien, en casos extremos, suicidarse. El acosador se puede convertir en víctima. ¿Desde qué lugar hablarían estos alumnos en el momento de la encuesta?»

Para Juan Antonio Planas Domingo, presidente de la Confederación de las Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), «en general, el fenómeno del acoso escolar se da entre varias personas hacia una sola. Suele ocurrir que los acosadores son personas con autoestima baja, que carecen de estrategias asertivas para resolver conflictos y que, a su vez, han recibido o están recibiendo una gran agresividad en la familia o en el entorno en que viven». «Es frecuente ―dice este psicólogo― que el acoso se convierta en un mecanismo de defensa para que no se pongan de manifiesto las propias debilidades.»

  

Sensibilización

Los datos que manejan diversas instituciones no hablan tanto de un aumento significativo de las conductas de acoso escolar entre iguales, como de un despertar de algo que ha permanecido oculto durante años. Estudios internacionales indican que la incidencia del acoso escolar es bastante mayor en otros países ―el 10 por ciento en Noruega o el 12 por ciento en los Países Bajos, frente al 4 por ciento del España, por ejemplo―. Lo que sí se está produciendo aquí es un mayor grado de sensibilización y de denuncia. Una institución como la del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid vio cómo a lo largo de 2004 se incrementaban las quejas en un 110 por ciento con relación al años anterior, y, en el presente año 2005, hasta la fecha, han aumentado en un 550 por ciento sobre las cifras de 2003, una corriente que manifiesta la tendencia clara a no silenciar las conductas violentas y de acoso.

  
     

Los acosadores son personas con autoestima baja que carecen de estrategias asertivas para resolver conflictos y que han recibido o están recibiendo una gran agresividad en la familia.

  

«El que un grupo de indeseables se confabule para hacerle la vida imposible a otro chico es algo que ocurre a menudo. En el grupo siempre hay uno o dos líderes que manejan a los demás, que suelen actuar cobardemente, tapándose unos a otros o silenciando la situación», señala Juan Manuel González, profesor de un instituto de Secundaria madrileño. Para este docente, el acoso escolar es una muestra más del clima difícil que viven algunos centros educativos «y que, muchas veces, los docentes no podemos afrontar». A su juicio, mucha de la culpa de los conflictos en la escuela la tienen las familias, «que dejan hacer a sus hijos lo que les da la gana». Y su punto de vista no es precisamente minoritario: según el informe La opinión de los profesores sobre la convivencia en los centros realizado por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), más del 87 por ciento de los docentes de enseñanza obligatoria consideran que los casos de alumnos conflictivos se deben a la permisividad de los padres y también coinciden en pedir una acción más dura con quienes causan problemas.

  

Delegar responsabilidades

En opinión de los expertos, hoy muchos padres no transmiten valores, han perdido autoridad con sus hijos y tienen poco tiempo para estar con ellos. «Los padres han delegado la responsabilidad en la escuela, pero no han dado la autoridad al profesorado», añade Nora Rodríguez, quien se muestra convencida de que la permisividad es uno de los factores que llevan a esta situación, aunque no es el único ni el más importante. «También está el poco tiempo atento y concentrado que se les dedica a los hijos, se les trata de un modo superficial, y hay muchas familias que no los tratan bien. No hablo de sobreprotección, hablo de humillación, de castigos que pierden su sentido, la palmada fácil y rápida que conlleva resultados rápidos pero no aprendizajes en serio». Para esta pedagoga hay que tener en cuenta que hoy los niños viven más con su familia que antes, que se producen menos intercambios reales y más intercambios virtuales. «Antes iban a una plaza y se relacionaban naturalmente, hoy hay más miedo. Igualmente hay que destacar que los padres han perdido autoridad, han convertido al hijo en rey de la casa, y esto es muy grave». En su libro ¿Quién manda aquí?, Nora Rodríguez intenta transmitir a los padres cómo recuperar esa autoridad.

  

COMPORTAMIENTOS Y ACTITUDES

En general, se piensa que el acoso escolar se refiere exclusivamente a algo físico y externo, tal como peleas y agresiones entre alumnos. Sin embargo, hay multitud de actitudes de acoso verbal y psicológico que tienen los mismos efectos demoledores: insultos, vejaciones, infundios, críticas, motes, aislamientos, murmuraciones, chistes o robos de material, entre otras maldades que deben soportar los acosados.

Alertar a los padres sobre el comportamiento de sus hijos es la finalidad de una guía elaborada por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. En ella se recomienda prestar atención, por ejemplo, si en el niño se producen síntomas psicosomáticos como trastorno del sueño o dolor de cabeza. Otras pistas pueden ser irritabilidad, depresión, nerviosismo, el que ponga cualquier justificación para no ir al colegio o que eluda encontrarse con algún compañero.

Las familias también deben estar atentas a otros factores si lo que quieren comprobar es si su hijo es un hipotético acosador o agresor; un indicio puede ser una conducta rebelde, el eludir responsabilidades o encararse con los padres; también se debe observar si, en sus relaciones entre iguales, se muestra dominante, se ríe de los demás o tiene poca sensibilidad hacia sus sentimientos, busca llamar la atención o tiene compañeros conflictivos.

  

LA NECESARIA EDUCACIÓN EN VALORES

Preguntado por las causas del creciente fenómeno del acoso escolar, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Pedro Núñez Morgades, considera que «vivimos en un mundo cada vez más individualista, menos solidario, con una creciente ausencia de valores. La escuela y la familia tenemos también buena parte de responsabilidad porque de la relación entre ambas y de éstas con el menor, debe surgir esa educación en valores que evite conductas violentas en general y en el entorno escolar, en particular. Es importante que, desde el sistema educativo, se dé una respuesta individualizada a cada alumno, logrando una motivación y una implicación que le aleje de cualquier comportamiento inadecuado y, por supuesto, violento hacia sus compañeros o el entorno».

  
     

Es necesario que los centros observen protocolos para prevenir e intervenir en situaciones de maltrato entre iguales.

  

Esta institución ha elaborado y distribuido diferentes publicaciones y folletos sobre el tema y ha puesto en marcha una página web (www.acosoescolar.info) dirigida a todos los estudiantes y familias que de una u otra manera sufren estas situaciones y necesitan ayuda.

  

ACATAR NORMAS

Desde los servicios de orientación se observan cada vez con más frecuencia conductas violentas de los alumnos derivadas de la escasa tolerancia a la frustración, de la necesidad de recompensas inmediatas, de la dificultad para mantener la atención y acatar normas. «Y de ahí a conductas de acoso hay sólo un paso», indica José Antonio Planas, quien reclama más autoridad para el profesorado, «ya que los alumnos más desmotivados o con problemas conductuales no deben interferir en los demás». De la misma opinión es Ángela Serrano, responsable del área de violencia escolar del Centro Reina Sofía. «Es necesario ―dice― que los profesores se hagan respetar y que se establezca claramente lo que es la autoridad en la escuela, que es la diferencia con el llamado autoritarismo. Hay que establecer normas, verificando que todo aquel que genere violencia debe ser sancionado adecuadamente». De acuerdo con el último estudio de esta institución, el 50 por ciento de los alumnos señala que los profesores intervienen adecuadamente ante estos conflictos. «Algunos docentes, más que mirar para otro lado, no encuentran la forma de intervenir y, ante esto, toman la postura de la inacción», apunta Serrano.

Por ello, es preciso observar una serie de protocolos para prevenir e intervenir en situaciones de maltrato. Según Planas, «habría que vigilar con más atención los momentos críticos, como entradas y salidas, recreos, comedor, autobús, baños, vestuarios, etcétera. También convendría estar más atento a cualquier indicio de que se está aislando a un alumno». Otras medidas son trabajar mucho más la educación emocional desde la educación infantil hasta el final de la escolarización dentro de la tutoría, e incentivar la formación psicopedagógica del profesorado.

  

  

BIBLIOGRAFÍA FUNDAMENTAL

Daniel Vila, «Acoso en la aula», en MUFACE, Revista de la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado, Sección: Educación, 201; Madrid, diciembre 2004, enero, febrero 2006.

  

  

  

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Daniel Vila es colaborador de la revista MUFACE.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 36. Enero 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Daniel Vila. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España). Cualquier reproducción total o parcial debe contar con la autorización expresa del editor o de los autores.

  

  

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