N.º 46

DICIEMBRE 2006

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El Efebo de Antequera

Rocío Díaz Fernández

  

  

L

a estatua que ya se conoce en la Historia del Arte como el “Efebo de Antequera” es uno de los exponentes arqueológicos más significativos de la localidad malagueña que le da nombre. El joven que representa la imagen es de tan excelente belleza que resulta imposible no quedarse admirado al contemplarlo. De gran ligereza, armonía y elegancia,  esta manifestación del arte romano peninsular es hoy considerada la pieza más hermosa salida del suelo español.

 

    
     

 

El Efebo de Antequera.

Museo Municipal de Antequera (Málaga)

    

Cronología

El “Efebo” es una escultura de bronce de la época romana y su estilo la ubica en la primera mitad de siglo I, entre los últimos tiempos de la república y los inicios del imperio, constituyendo una magnífica pieza escultórica de la escuela neoática.

Los últimos estudios le han atribuido a la estatua antequerana un indudable parentesco con otras descubiertas años atrás, como el efebo aparecido en 1900 en Porta Vesubio, en Pompeya; el Apolo de la antigua colección Sabouroff, que se llevó al Museo de Berlín; el efebo también pompeyano que apareció en la Via dell’Abondanza en  mayo de 1923 y el descubierto en las ruinas de la antigua ciudad romana de Volubilis (Norte de Marruecos) en 1932, lo que ha llevado a pensar que todas estas esculturas hubieron de constituir un grupo que tuvo como origen un mismo prototipo, que no se conserva.

Los rasgos estilísticos comunes de este grupo de copias apuntan a que dicho modelo era de origen griego y que correspondía a la Era de Pericles (siglo V a. C.); también se ha concluido que dichas reproducciones fueron elaboradas en distintos talleres tomando como modelo el prototipo perdido, al que introducen ligeras variantes y retoman las formas clásicas atenienses acentuando la perfección formal y la expresividad de sus facciones. De las pesquisas llevadas a cabo se ha constatado que la de Antequera y la volubitiana son las copias que más se acercan a la pieza original.

 

Su hallazgo

No se sabe con exactitud la fecha exacta del hallazgo ni cómo tuvo lugar éste, aunque hay quien afirma que la escultura fue encontrada ocasionalmente, en torno a 1955, durante unas labores de labranza, al norte del término municipal de Antequera, exactamente entre los kilómetros 511-512 de la carretera Antequera-Córdoba, en el cortijo Las Piletas de la Vega, por entonces propiedad del Sr. Jiménez Blázquez, cuya viuda, Enriqueta Cuadra, haría luego donación de la escultura al Ayuntamiento, que quedó incorporada al patrimonio cultural de Antequera en su Museo Municipal, ubicado en el Palacio de Nájera, constituyendo una de las imágenes más emblemáticas del bagaje cultural de esta ciudad.

Su conocimiento público no tuvo lugar hasta octubre de 1963, con motivo del VIII Congreso Nacional de Arqueología que se celebró simultáneamente en Sevilla y Málaga, donde fue expuesto ante la admiración de todos los asistentes. En el breve folleto ilustrado que se editó al efecto con el título de Varia Arqueológica (compuesto de 8 páginas y 7 láminas con fotografías de Eduardo Ortega), el presidente de la Comisión Malagueña del Congreso, Pablo Solo Zaldívar, hacía tan sólo una escueta consideración sobre la pieza artística.

 

Relevancia artística y exposiciones

Con posterioridad a su exposición en VIII Congreso Nacional de Arqueología de 1963, la figura del Efebo de Antequera ha estado expuesta en Berlín, en 1987, con motivo del 750 aniversario de la fundación de la ciudad, donde, tras los estudios realizados, se puso de manifiesto el carácter único de la pieza. Posteriormente, le fue realizado un exhaustivo proceso de restauración en el actual Instituto del Patrimonio Histórico Español. Ha podido contemplarse también en la exposición “Los Bronces Romanos de España”, celebrada en Madrid en 1990; en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, en la exposición “Hispania Romana”, celebrada en Roma en 1997 y, posteriormente, en Zaragoza (1998) y en Mérida (1999).

Por el Decreto de la Junta de Andalucía de fecha 1 de junio de 2004, el Efebo de Antequera fue declarado Bien de Interés cultural y se inscribió en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

 

Características

Fundida en bronce, con un grosor que oscila entre los 3 y 5 mm y con una altura de 1,43 m (37,5 kilogramos de peso), recrea  la imagen de un joven desnudo en el inicio de la pubertad, de carácter andrógino y con la gracia propia de los niños. De pie y posado sobre el costado derecho, su actitud denota un cierto movimiento, mientras que en el lado izquierdo sólo apoya la punta de los dedos. La cabeza (cuyo pelo se divide en dos mitades por una raya central y se recoge en la nunca en un moño) con una cinta que recoge el pelo, cuidadosamente ordenado en la cual se entretejen una corona de hiedra y corimbos, elementos estos muy semejantes, por ejemplo, a los que coronan al Antinoo de la Sala Rotonda del Vaticano. La cara ancha de facciones carnosas y bien proporcionada, presenta los globos oculares, hoy vacíos, que debieron llevar en su tiempo un relleno de pasta vítrea simulando los ojos.

La escultura está construida con elementos cerámicos diversos, y recubierta hasta rellenar el hueco en su totalidad, con menudos fragmentos cerámicos y piedrecillas. Esto explicaría que apareciera prácticamente entera, a falta sólo de la primera falange del dedo pulgar de la mano derecha (rotura muy antigua), de un desgaje del brazo izquierdo por el codo y de la pierna del mismo lado por la pelvis, estas últimas encajan perfectamente por no haber perdido ni un solo fragmento del metal.

 

Función ornamental

Sus características formales y la postura que adopta, sobre todo la de sus dedos, hace pensar que debió sostener algo de poco peso. Se piensa que tanto el Efebo de Antequera como los otros ejemplares pompeyanos citados portaban candelabros y otras piezas semejantes.

Así, el melléphebos antequerano pudo ser también un stephanéforos, es decir, portador de una guirnalda de flores, por la posición de brazos y manos, que reclaman un objeto como éste, de poco peso. También, dicha guirnalda sería símbolo de un banquete, en la cual la escultura cumplía con la función, en tiempos de la última etapa de la Roma republicana y de comienzos del Imperio, de adornar las salas donde se celebraban banquetes con estatuas de tamaño natural.

Tales estatuas no se alzaban sobre altos pedestales, sino al nivel del suelo o sobre una pequeña plataforma, de modo que las figuras pudiesen confundirse con los mancebos reales que sirviesen el festín. Unos representarían portadores de grandes bandejas con viandas o confituras; otros tendrían en sus manos paños a modo de servilletas, o bien copas de vino u objetos similares; también ofrecerían guirnaldas de flores o sostendrían con sus manos candelabros que alumbrasen. Por todo esto se supone que el lugar donde apareció la estatua debió ser una villa propia del refinamiento, riqueza y lujo que tal pieza requería.

 

 

PARA SABER MÁS:

GARCÍA BELLIDO, Antonio: “Novedades arqueológicas de la provincia de Málaga”, en Archivo Español de Arqueología, Vol. 36, N 107-108, Madrid, 1963; pp. 181-190.

——: “El melléphebos en bronce de Antequera”, en Archivo Español de Arqueología, Vol. 37, N 109-110, Madrid, 1964; pp. 22-32.

  

  

  

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Rocío Díaz Fernández (Málaga, 1983) cursa los estudios de Magisterio, especialidad de Maestro en Educación Primaria, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

  

  

CONOCER MÁLAGA. Suplemento mensual de GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año V. Número 46. Diciembre 2006. Director: José Antonio Molero Benavides. ISSN 1696-9294. Copyright © 2006 Rocío Díaz Fernández. Reservados todos los derechos © 2002-2006 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga (España).

  

  

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